segunda-feira, 6 de junho de 2011

Japón: Geisha occidental prohibida de ejercer por cuenta propia.





Fiona Graham, conocida en Japón  por  el nombre de Sayuki, dijo haber pedido a la Asociación de las Geishas de  Asakusa en un barrio de Tóquio, para  establecerse  por cuenta propia, una vez que la “matriarca” de su casa estaba demasiado enferma para poder seguir trabajando.

El pedido le fue denegado con la justificación de que “no podría ser titular porque era extranjera”, declaró al periódico The Australian. Mas a pesar de la rehúsa,  Fiona Graham, que se inició en esta arte de seducción en 2007, recibió “apoyos de muchos clientes japoneses” y no “irá renunciar “al arte milenario.

"Convertirme la primera geisha de raza blanca ha sido la cosa más difícil que he hecho”, explico Fiona Graham, que fue para Japón con 15 años, al abrigo de un programa de intercambio escolar antes de proseguir los estudios universitarios, incluyendo un doctoramiento, en Oxford, en Reino Unido.

En Japón las geishas son por norma, concubinas de luxo, reservadas a una clientela muy exigente, dedicando sus vidas a la práctica de las artes de seducción tradicionales japonesas.

Cuando estaba leyendo esta noticia me quedé un poco admirada porque desconocía que las geishas eran concubinas.  Yo las veo como unas muñequitas de porcelana.  Mi amiga Ana ya estuvo en Japón hace unos años y mientras tomábamos  nuestro café estuvo contando algunas historias sobre las geishas.

Os oki-ya  son las casas donde viven las geishas comandadas por mujeres ya con experiencia, las okami-san.  Ellas casi siempre ingresan en el grupo haciendo trabajos domésticos como la limpieza de las casas, cuidan de la ropa para después empezar un rigoroso entrenamiento que envuelve el aprendizaje  de las artes, de la danza, pintura, caligrafía, música, etiqueta, interpretación teatral, todo llevado en busca de la perfección.  

Ellas trabajan mucho y estudian mucho, siempre con la intención de mantener la apariencia alegre y saludable.

El “Hombre del Café” estaba en la mesa al lado y estaba oyendo nuestra conversación y  asintiendo con la cabeza. A él le gustan mucho las tradiciones orientales, la poesía, la pintura… Le iba a preguntar si él ya había estado en Japón pero lo llamaron al teléfono.

Cuando iba de regreso a mi casa iba pensando que casi siempre que estoy en el  Café aprendo algo nuevo.





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