quinta-feira, 8 de dezembro de 2011

Los Percebeiros




"Son héroes sin saberlo, de esos que arriesgan a diario su vida por un exquisito bocado de mar. Un modo de vida sin tregua en un rincón de la costa atlántica gallega donde a diario libran su particular batalla contra la saña milenaria de las olas. Son los percebeiros, esos guerreros anónimos a los que un día el periodista David Beriain y el guionista Fernando Ureña decidieron dedicarles un fiel retrato. El resultado es'Percebeiros', un cortometraje documental que narra el trabajo de Serxo Ces en la agreste costa de Cedeira y que acaba de ser preseleccionado para los premios Goya.

Un grupo de 12 personas se desplazó en agosto a la localidad coruñesa durante una semana en la que tomaron contacto con la realidad de Serxo. "Queríamos buscar gente al límite y ver cómo se relacionaba con ciertos peligros", explica Ureña. De Serxo les apasionó "su lucha interior" y su experiencia tras 17 años recogiendo percebes y se pusieron manos a la obra. "Yo les expliqué que no me podían estorbar en el trabajo y ellos lo entendieron perfectamente", asegura el percebeiro, muy satisfecho con el resultado. "Es el mejor de los reportajes en los que participé y refleja esto con exactitud", asegura.

La intención del equipo dirigido por Beriain era contar una historia a través de la visión de un percebeiro. Para ello dispusieron un gran despliegue técnico, salieron al mar en una lancha acompañando a Serxo y a otros dos compañeros. "Queríamos estar lo más cerca de ellos pero sin entorpecerlos". Y lo consiguieron, especialmente a través de la cámara acuática que captó imágenes y situaciones de riesgo en esas rocas donde vive el tan valorado crustáceo, esos dos metros donde no se puede permitir un margen de error".

  

Los percebes, para mí son un marisco fantástico. Solo de pensar mi boca se llena de agua.


Me acuerdo que cuando estaba estudiando pasaba por una calle donde había una cervecería que tenía un escaparate lleno de mariscos variados. Mis ojos paseaban por todos ellos pero se quedaban en los percebes. Eran grandes y parecían deliciosos.

Algunos años más tarde cuando íbamos de paseo a Ericeira, antes de llegar a la villa, estaban siempre unas mujeres en la carretera vendiendo percebes, unos estaban crudos y otros cocidos. Siempre los comprábamos crudos ya que nos gustaba cocerlos nosotros mismo.

Una tarde nos encontramos con unos amigos y decidimos comprar percebes para la merienda en su casa. Yo me quedé en el coche y cuando regresaron venían contentos porque eran de buen tamaño y consiguieron un buen precio.

Así que llegamos a casa mi amiga puso la olla con agua, sal y los percebes para cocer. La mujer dijo que después de levantar el hervor, después de 2 minutos los sacábamos del agua. Todo iba muy bien.

Ya con la mesa puesta y unas cervezas para acompañar, dejamos enfriar  los percebes  y me puse a intentar probarlos. Los abría y el cuerpo quedaba dentro de la piel. Uno y otro y otro... Algo se estaba pasando. Volvimos a meterlos en la olla hasta levantar el hervor. Creímos que aún no estaban en el punto.


Cuando de nuevo empezamos a querer degustarlos llegamos a la conclusión que se habían equivocado y compraron los percebes ya cocidos. Eso no impidió a que los comiéramos, más bien los chupáramos y fue un final de tarde bien pasado y aun hoy cuando nos recordamos de ese día nos reímos de nuestra incompetencia de jóvenes que poco entendían de cocina.

Esta historia es verdadera y se pasó hace más o menos 40 años.


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