terça-feira, 2 de outubro de 2012

Un final de tarde







Llegué a la misma hora, me senté en la misma mesa y pedí como siempre un café cortado. Abrí el libro y seguí con la lectura en la página donde había dejado una tarjeta el día anterior. Mientras estaba leyendo. algo ocurrió que hizo con que levantase los ojos y tuve la sensación que alguien me miraba y que el sol me impedía de visualizar. Me di cuenta que la persona que estaba en la mesa al lado se levantó y fue en dirección a esa mirada que yo había sentido como siendo para mí. Seguí leyendo y de ahí a algunos minutos el sol ya se estaba yendo. Mire el reloj y era hora de regresar a casa. Pedí un helado de pistacho y almendras y fui caminando mirando hacía la playa ya casi desierta. Las tiendas de accesorios de playa seguían abiertas esperando que al anochecer otros clientes pasen y hagan negocio. Siempre entran turistas  ni que sea para comprar una tarjeta postal de la playa para ser admirada por alguien en un país lejano. Iba pasando por la zona de los bares y  la música estaba llamando los clientes y los empleados entregando invitaciones a los más jóvenes turistas haciendo publicidad a sus fiestas y diversiones…


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