quinta-feira, 24 de janeiro de 2013

Cada vez comemos más hamburguesas de caballo, queramos o no.





"Toda la vida he escuchado en casa una divertida anécdota familiar.* Un día vino a comer el jefe de mi padre, que se las daba de gourmet (además de chulo insufrible) y mi madre, como gran venganza, le preparó un guiso de caballo asegurándole que se trataba de novillo. El hombre salió encantado y mi madre aún se ríe de él, pues ofrecerle ese plato secreto le resultó mucho más repelente, y más vengativo, que darle gato por liebre.

Tradicionalmente, comer carne de caballo en España estaba relacionado con la pobreza y la necesidad. Por eso me ha sorprendido la noticia de que cada vez se consume más equino en nuestro país. Casi 15.000 toneladas el año pasado. Y no lo elegimos por ser más saludable y tener menos grasa, sino básicamente por ser más barato.

Su asequible precio está relacionado con algo aún más terrible. Ante la crisis económica y el aumento del precio de los piensos, la falta de mercado de venta, alquiler o doma de los animales vivos ha provocado el repunte de su producción cárnica. En lugar de disfrutar con montar tan maravillosos seres los estamos enviando masivamente al matadero; los estamos convirtiendo en comida para perros o albóndigas de bajo coste.

Tristemente relacionado con ello es el reciente escándalo de las hamburguesas británicas e irlandesas, supuestamente de ternera, pero que en un alto porcentaje están hechas con caballo, casi seguro español. Aunque si allí ha llegado esa carne que nunca han comido, imagínense lo que puede haber en las nuestras. Prefiero no saberlo.

Se trata de una estafa al consumidor sin repercusión para la salud, pero para un inglés el engaño es mucho peor que el perpetrado por mi madre. En ese país perros, gatos y caballos son considerados queridas mascotas. Y nadie es tan salvaje como para comérselas.

Yo en el fondo tampoco. Veo en el supermercado carne de potro y se me saltan las lágrimas.¿Comida de crisis? Por eso me estoy haciendo vegetariano."

*Yo misma también me acuerdo cuando era niña que una tía un día se quedó en mi casa para comer. Mi mamán había cocinado una bella pieza de carne de caballo (Mi mamán cuando veía que yo estaba delgada compraba carne de caballo para fortalecer). Mi tía empezó a decir que bien olía la comida y que la carne tenía muy buen aspecto. A ella no le gustaba carne de caballo, le daba asco así que mi madre no le dijo la verdad. Cuando terminó de comer y siempre alabando la carne, mi madre no se contuvo y le dijo que había comido carne de caballo. Ella se levantó corriendo en dirección al bañero con la mano en la boca simulando vomitos. A partir de ahí empezó a comprar también carne de caballo.-






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