sexta-feira, 7 de abril de 2017

Tomamos un Café?


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Aunque estamos en épocas de after-office, Juliana no falta jamás al encuentro de los jueves con sus amigas.

A pesar de su trabajo en el banco y del poco tiempo que tiene, este único hueco en la agenda para verse con las chicas es sagrado. Son mujeres modernas, de un nuevo siglo y con múltiples ocupaciones. Los lunes y miércoles, Sonia va a la clase de pilates, los martes, Vanina tiene el curso de danzas brasileñas y el viernes ya es más complicado por los novios. Así que el cafecito quedó para el jueves a las 18:30, en el Starbucks de la Avenida Córdoba.

¡Qué triste sería no tener ese encuentro semanal, para charlar, recordar la época cuando iban a la escuela juntas, chusmear y criticar un poco también! Es un placer sentarse a conversar con un café de por medio, ponerse a día, hablar de cosas que por chat no tienen gracia y de paso, observar a la gente de las otras mesas.

El público de los cafés es variado y cambia según la hora. A la mañana se ve más gente sola que desayuna y lee el diario y a la tarde hay más grupos de amigos o estudiantes.

Hay muchísimos cafés, cafeterías, bares o confiterías para elegir. Lugares tranquilos, ruidosos, con o sin música, tradicionales o más modernos.

Muchos entran a un café y buscan una mesa como si fueran a decidirse por una vivienda. Algunas personas prefieren un lugar al lado de la ventana para tener una vista a la calle y otras prefieren que no haya gente mirándolos a través del vidrio y buscan una mesa en el interior. Las opciones para saborear van desde el café, café con leche, café cortado, capuchino, café doble hasta toda la nueva variedad de los llamados café gourmets, mocachinos, con caramelo, etc. Cuando uno no pide su propio café en la caja, se sienta y llama al mozo o la moza levantando un brazo o la mano para llamar la atención. Nada de chasquidos con los dedos, ni silbidos, ni batir las palmas, que es de muy mala educación.

¿Cuánto tiempo se queda la gente en el café? Depende de cada uno. Están los clientes que se quedan dos horas con un café chico y no les preocupa que los mozos vuelen de furia o los miren con cara de pocos amigos. Y hay gente que toma dos o tres cafés en un lapso quizás de hasta una hora. Por último, luego de pagar la cuenta, se deja una propina, que no es obligatoria pero aconsejable en especial si se estuvo un buen rato.

Sólo o en compañía, de mañana o de tarde, cualquier excusa es buena para salir a tomar un cafecito por ahí.

Texto: Verónica de la Vega









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