quinta-feira, 13 de abril de 2017

El perfecto café





El perfecto café, Melitta Bentz (1873-1950)


A principios del siglo XX, una ama de casa alemana, harta de beber café amargo y lleno de grumos, decidió que podía mejorar el proceso de filtrado y hacer de esta bebida un auténtico placer. Cien años después, la compañía de los sucesores de Melitta Bentz, que así se llamaba la entonces joven emprendedora, sigue liderando la producción de filtros para el café. Melitta no sólo fue una mujer con gran inventiva, fue también una mujer trabajadora, que con su empeño creó un imperio en el que sus empleados eran tratados con ecuanimidad y justicia laboral.

Amalie Auguste Melitta Liebscher nació el 31 de enero de 1873 en la ciudad alemana de Dresde. Hija de un editor, Melitta se casó con Johannes Emil Hugo Bentz, con quien tuvo dos hijos y una hija y una vida de felicidad familiar. Convertida en ama de casa, un día se cansó de tener que beber café con grumos y tener que lavar las bolsitas que hacían las veces de filtros. Después de probar con distintos materiales, al final optó por usar papel secante de los que sus hijos utilizaban en sus estudios y un bote de latón. Con esos utensilios caseros, Melitta consiguió hacer un café libre de grumos y con un gusto mucho más bueno.

El 20 de junio de 1908 Melitta registró su invento en la oficina de patentes alemana y en diciembre de aquel mismo año abría su pequeña fábrica de filtros con la ayuda de su marido. Poco después, en 1909, en la feria de Leipzig, logró vender más de mil filtros del café.



La Primera Guerra Mundial supuso la reconversión forzosa un paréntesis forzoso y la familia de Melitta sobrevivió vendiendo cajas de cartón. Finalizada la guerra, la empresa de los Bentz volvió a fabricar filtros con tal éxito que los trabajadores llegaron a ser más de ochenta y sus instalaciones tuvieron que ser trasladadas a una nave más amplia en la zona de Westfalia.

En la década de 1930, cuando Melitta tenía unos cincuenta y siete años, decidió traspasar la dirección de la fábrica a sus hijos Willy y Horst, aunque no se desvinculó del todo de la empresa. Melitta se preocupó sobre todo de las condiciones laborales de sus trabajadores, asegurándose de que recibían una paga extra en Navidad, reduciendo la jornada laboral a cinco días y dando más días de fiesta. Melitta fundó la "Melitta Aid", una fundación de ayuda social a sus trabajadores. La Segunda Guerra Mundial volvía a detener la producción de la fábrica pero de nuevo volvió a ponerse en funcionamiento tras la finalización de la contienda.

Melitta Bentz falleció el 29 de junio de 1950. La empresa que hoy continúan dirigiendo sus descendientes es líder en la fabricación de filtros de café en todo el mundo.

http://www.mujeresenlahistoria.com/



terça-feira, 11 de abril de 2017

Café à beira-mar



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No quente de um café à beira-mar 
olho as ondas que embalam 
o meu sonho náufrago de mim, 
perdido em sons ecos de búzio oco esquecido. 
Pela areia húmida há passos sem sentido 
deambulações sem tempo conhecido 
vultos já sem sombra sinais sem vida 
no morno de um café à beira-mar 
perco-me do meu sonho perdido. 

Rui de Morais, in Caminhante, inédito, 2007






 

sábado, 8 de abril de 2017

Pintura con Café



Pintura con 100% Café real por Tammie Wales 





"Crecí en la soleada California. Ese lugar siempre estaba demasiado caliente para mí y en mis veinte años salí de allá y jamás miré hacia atrás. Hoy estoy viviendo en Alaska trabajo a tiempo completo en el funcionamiento de mi propia tienda de tatuajes. Continuo a fazer muitas pinturas. Además del arte del café no estoy lista para asumir como mi único ingreso, pero eso será muy pronto.   Quiero viajar a festivales y ferias para mostrar y vender mi arte del café.

Lo que más me gusta acerca de la pintura del café es la infinita variedad de estilo y temas. A medida que produzco arte del café que lo estoy haciendo en grupos por tema “.

No me identifico con muchos artistas que me he encontrado. Yo no fui a la escuela de arte y hago arte porque lo amo. Lo cual es un eufemismo. Soy un adicta al arte. Cuando tengo una idea para una obra de arte en mi cabeza  no puedo dormir y pierdo el apetito hasta que al menos puedo conseguirlo esbozado en papel. He producido y regalado mucho más arte, eso es una realidad. He vendido mucho porque si no lo hacía, me quedaría con todos los trabajos. "

Entrevista con Tammie Wales
By  on December 19, 2016



Las tazas de café aún humeante...





"Las tazas con café aún humeante, parecían esperar un nuevo sorbo que no llegaba. Nuestros ojos no dejaban de mirarse, mientras el aroma intenso del café recorría la cocina, y tus manos y mis manos jugueteaban en una necesidad irrefrenable de sentirse, de recorrerse, resbalando suavemente tus dedos entre los míos en un sutil juego que imperceptiblemente nos sumergía en sensaciones de deseo. Era tan fácil percibir en tus ojos la suavidad y la ternura, hasta ver luego en tu mirada el inicio de esa llamita que comenzaba a encenderse poco a poco. El silencio era cómplice nuestro. También yo me encendía. El café se enfriaba.Nos deseábamos, nos extrañábamos, y la tarde ignorante, despojada de sol se alejaba, abrazada a la brisa que hacía bailotear las hojas de los árboles, mientras el susurro nocturno descendía lentamente. Dentro de la cocina, las horas no existían. Tus ojos me observaban, recorrían mi rostro, un momento sonreían, al siguiente volvían a encenderse. De pronto te levantaste de la silla con movimientos lentos, diciendo mientras avanzabas hacia mí, petrificada en mi asiento ??? ???¿sabes que haría si estuviera a solas contigo tres días seguidos?...  Qué haría yo?... "






sexta-feira, 7 de abril de 2017

Tomamos un Café?


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Aunque estamos en épocas de after-office, Juliana no falta jamás al encuentro de los jueves con sus amigas.

A pesar de su trabajo en el banco y del poco tiempo que tiene, este único hueco en la agenda para verse con las chicas es sagrado. Son mujeres modernas, de un nuevo siglo y con múltiples ocupaciones. Los lunes y miércoles, Sonia va a la clase de pilates, los martes, Vanina tiene el curso de danzas brasileñas y el viernes ya es más complicado por los novios. Así que el cafecito quedó para el jueves a las 18:30, en el Starbucks de la Avenida Córdoba.

¡Qué triste sería no tener ese encuentro semanal, para charlar, recordar la época cuando iban a la escuela juntas, chusmear y criticar un poco también! Es un placer sentarse a conversar con un café de por medio, ponerse a día, hablar de cosas que por chat no tienen gracia y de paso, observar a la gente de las otras mesas.

El público de los cafés es variado y cambia según la hora. A la mañana se ve más gente sola que desayuna y lee el diario y a la tarde hay más grupos de amigos o estudiantes.

Hay muchísimos cafés, cafeterías, bares o confiterías para elegir. Lugares tranquilos, ruidosos, con o sin música, tradicionales o más modernos.

Muchos entran a un café y buscan una mesa como si fueran a decidirse por una vivienda. Algunas personas prefieren un lugar al lado de la ventana para tener una vista a la calle y otras prefieren que no haya gente mirándolos a través del vidrio y buscan una mesa en el interior. Las opciones para saborear van desde el café, café con leche, café cortado, capuchino, café doble hasta toda la nueva variedad de los llamados café gourmets, mocachinos, con caramelo, etc. Cuando uno no pide su propio café en la caja, se sienta y llama al mozo o la moza levantando un brazo o la mano para llamar la atención. Nada de chasquidos con los dedos, ni silbidos, ni batir las palmas, que es de muy mala educación.

¿Cuánto tiempo se queda la gente en el café? Depende de cada uno. Están los clientes que se quedan dos horas con un café chico y no les preocupa que los mozos vuelen de furia o los miren con cara de pocos amigos. Y hay gente que toma dos o tres cafés en un lapso quizás de hasta una hora. Por último, luego de pagar la cuenta, se deja una propina, que no es obligatoria pero aconsejable en especial si se estuvo un buen rato.

Sólo o en compañía, de mañana o de tarde, cualquier excusa es buena para salir a tomar un cafecito por ahí.

Texto: Verónica de la Vega









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