segunda-feira, 6 de maio de 2013

Vivir sin miedo




"La peor cosa que podía pasar ya ocurre: los que mandan sobre nosotros han perdido el miedo. O tal vez no han tenido nunca, pero ahora se les nota más la filosofía. Con el hachazo a las ayudas a la dependencia nos demuestran que ya no temen el futuro, este pozo de incertidumbre que desde siempre ha angustiado a la humanidad: ¿qué será, será?, ¿Qué puede pasar?, Qué me pasará? Debe ser maravilloso vivir sin sufrir por si nunca deberás sufrir. Seguro que da para hacer planes de jubilación y todo.

Muchos de nosotros ya sabemos cómo acabaremos: tarde o temprano, alguien tendrá que hacerse cargo de nosotros y de nuestros fluidos. Por eso se inventó el amor. El amor es poderoso y donde no llega el dinero llega el sacrificio de quien te ama. La mayoría lo hemos visto toda la vida: ejércitos de madres, hijas, hermanas que, desde que el mundo es mundo, han acabado con la espalda astillada de levantar cuerpos que no se valen y con las manos iniciadas de lavar los culos de los padres, hijos, suegros y hermanos. No es bonito, todo eso.


Históricamente, los hombres se han dedicado a lo otro: el dinero. Tener dinero de sobra va muy bien porque puedes delegar el trabajo sucio que dan tus enfermos y así tu mujer no debe faltar en tantas clases de pilates. Un asalariado con bata blanca te levanta de la cama, te baña, te alimenta, te entretiene. Por un precio más asequible, alguien con chándal también te puede poner unas cuantas horas al sol o delante de la tele mientras envía 'WhatsApp' o escucha el fútbol.


El dinero hace milagros o, cuando menos, algo muy parecido. Por eso algún avispado pensó que las cuidadoras por amor al arte tenían derecho a percibir una remuneración para atender a sus queridos, como aquellas trabajadoras del propio hogar que pensaban que, como hacían las mismas cosas que la mujer de hacer trabajos de un ministro, ya quería decir que trabajaban. A ver si nos entendemos: tu enfermo es privado, mi submarino militar es público. Tu enfermo tiene los días contados, mi submarino, mi AVE, mi banco, continuarán rodando cuando ni tú ni yo lo podamos contar. De modo que amaos los unos a los otros ya callar.


Y qué pasa cuando un enfermo sin dinero se queda sin amor? Quizás los podríamos pedir a aquellos hombres y mujeres tan charlatanes que vagan por la ciudad. Deberíamos tener un poco de paciencia, porque no se han tomado la pastilla, pero hay para elegir, para que cada día hay más. Algunos se detienen en medio del paso y gesticulan al aire, y, como no se duchan, los peatones cambian de acera y las adolescentes los traspasan con una mueca. Hay algunos que están muy enfadados con sus voces. Otros deben sentarse porque los supuran los pies, azules y embotornats. Hay que directamente no tienen pies. Muchos hablan con su cartón de vino, que es más barato que no el agua, e infinitamente más barato que no el amor más barato.


Hay que vivir muy lejos del mundo para no tener miedo de todo esto.Por no temer a perder el trabajo, perder el amor, perder la cabeza, y tener que depender de los demás. O quizá sólo es una cuestión de tener fe, porque nos consta que los que mandan sobre nosotros son gente de fe. O quizás tampoco, quizás sólo es cuestión de estar seguro de que nunca necesitarás nada de nadie que no se lo puedas comprar con dinero, porque no te faltarán nunca".


marta.rojals @ mesvilaweb.cat

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