Café de Flore - Paris
segunda-feira, 13 de abril de 2015
quarta-feira, 11 de março de 2015
Buenos dias...
Que a cada mañana estes segura que la vida te espera afuera de brazos abiertos para recibir tus expectativas y realizarlas una a una.
quinta-feira, 5 de março de 2015
Muy en serio...
"Cuando me preguntan como tomo mi café yo digo -Muy en serio". Una vez lo estaba tomando y me reí y la persona que estaba en frente a mí lo tomó sin querer...
terça-feira, 3 de março de 2015
sábado, 28 de fevereiro de 2015
Mi cumpleaños
En este día quiero regalar un café y un biscuit a mis amig@s y agradecerles por vuestra presencia en mi Café. Os quiero!
terça-feira, 24 de fevereiro de 2015
Un nuevo día...
"Un nuevo día está por delante de ti, lleno de cosas totalmente nuevas. Suelta las preocupaciones de ayer, a sabiendas de hoy es un nuevo día".
terça-feira, 10 de fevereiro de 2015
Melancolia
Melancolía.
A don Carlos le gustaba sentarse a leer en aquella vieja mesa de mármol, de aquel viejo café, en aquella vieja calle, de aquella ciudad, vieja y amada. Los camareros eran viejos, la clientela era vieja, las fotos que colgaban de las viejas paredes recordaban viejas escenas. Él era viejo.
Sin embargo, el local olía a limpio, el suelo brillaba, las mesas brillaban, las blancas chaquetillas de los empleados brillaban de puro blancas, la barra, la gran cafetera, las botellas, las tazas y los vasos brillaban. Y un delicioso y acogedor aroma a café, a puro café, lo inundaba todo y te invitaba a quedarte, a refugiarte, a soñarte, a olvidarte.
Los días transcurrían sin sobresaltos: algún achaque producto de los muchos años, un nuevo nieto, algún funeral, la Unión Deportiva que no arrancaba, ... nada fuera de lo esperado. Don Leandro, el farmacéutico, tomaba su carajillo de cada mañana junto a la barra. En la mesa del fondo, Juanito, Perico "el gato" y Luisito "el pitorro", jubilados de larga duración, leían la prensa deportiva mientras esperaban el segundo cafetito. Más al centro, un grupo de funcionarios de correos hacían un alto en el camino y disfrutaban de un ratito de sosiego en aquel "templo silencioso". En su rincón de costumbre, nuestro viejo amigo leía "Guerra y Paz".
Un buen día, muy de mañana, aún no habían sonado las once en el reloj de la Iglesia, cuando un chico joven entró en la cafetería. No tendría más de veinte años. Vestía pantalón vaquero muy gastado, camiseta negra, y zapatillas deportivas grises, el pelo más largo que corto, muy limpio, y una barba de varios días sin arreglar. Alto, delgado y aparentemente tímido, se sentó en una mesa al lado del ventanal que daba a la calle y por el que comenzaba a colarse la luz amable del otoño. En sus manos llevaba un libro. También un cuaderno. Y me imagino que algo con que escribir. Miró a su alrededor, atento, curioso, respetuoso. Finalmente se volvió sobre sí mismo, desplegó una cálida sonrisa complaciente y llamó al camarero. Es posible que hubiese encontrado su santuario.
El anciano contemplaba la escena entre la perplejidad y el desasosiego. ¿Qué podría buscar aquí un muchacho tan joven? ¿Habría venido para quedarse? No le hacía ninguna gracia que aquel rincón apacible, de repente se llenase de ruidos, de risas sin sentido, de discusiones, de gritos y tal vez, de amores. No lo permitiría. Hablaría con los demás parroquianos y con Manolo, el encargado de la cafetería y le echarían. No sería muy difícil. En un lugar bien visible había un cartel que rezaba así: "Reservado el derecho de admisión".
¿Pero qué le estaba pasando? ¿Se estaría volviendo paranoico? A fin de cuentas, desde que entró en el salón, aquel muchacho sólo había leído, tomado notas en un cuaderno con tapas rojas y bebido un par de cafés. No hacia otro ruido más molesto, que el producido por el lento pasar de las páginas de su libro o el imperceptible rasgar de la pluma sobre el papel. De vez en cuando sonreía, otras veces parecía triste, o ensimismado, o ausente. Pero pronto volvía y escribía.
Y el anciano comenzó a tranquilizarse. Su mirada, intransigente y desconfiada al principio, comenzó a tornarse tolerante y acogedora. Y sintió que sus ojos estaban ya preparados para tropezarse con los del joven sin hacerle daño. Dejó el periódico sobre la mesa, y buscó con descaro que las pupilas de ambos se encontraran en el aire. Y lo hicieron. Y el chico esbozó una sonrisa agradecida. Y el viejo se sintió joven. Y mató todos los miedos.
Aquel otoño acabó. Y su lugar lo ocupó el invierno, lluvioso y frío. La vida en la cafetería, amable y acogedora como siempre, se tornó además luminosa y alegre tras la llegada de aquel chaval de veinte años amigo de los libros, de las causas perdidas y de las preguntas sin respuestas
Cada tarde, después del tiempo dedicado a la lectura, a la reflexión callada, y a la observación de los comportamientos en aquel universo singular, unos y otros juntaban sus sillas en torno a una mesa y estrujaban la vida. El viejo con otros viejos. Y el muchacho joven junto a todos los viejos. Opinaban, debatían, compartían, gozaban. Pasaron los días, las semanas y los meses. También algún año. Y el viejo café se hizo ágora y universidad y refugio y hogar. Y su luz pudo contemplarse desde lugares muy remotos.
Pero ocurrió lo que era lógico que ocurriera. Un día, el chico tuvo que partir. Lejos. A otra ciudad. Muy lejos. Y la melancolía, como la mala hierba, se adueñó del lugar. Y el viejo volvió a sentirse viejo y los otros viejos regresaron al silencio y a la resignada contemplación del paso del tiempo.
Las razones de su marcha poco importan aquí. Unos dijeron que fue la política, otros que la búsqueda de respuestas, algunos que un trabajo inesperado y hubo quién pensó que el causante fue el amor. En definitiva, la vida.
Pasaron los años. Muchos años. Cincuenta, casi. Y el joven volvió. Y buscó la vieja calle, ... pero aquella no era su calle. Y buscó su vieja cafetería y en su lugar halló una moderna tienda de Zara, igual que las otras Zaras que vio en Hong Kong, Madrid o Budapest. Y le embargó la pena. Y recordó el día en que entró por primera vez "en su santuario" y el instante en el que sus ojos tropezaron en el aire con los ojos del anciano, y los momentos de lectura compartidas y los poemas que nunca se olvidaron y los sueños de libertad en aquellos tiempos oscuros, ...
Sentado en un banco del parque, que siempre fue suyo, esperó la hora mágica de los sueños, dejó que su mirada se perdiera en el "fascinante país" donde sólo él tenía acceso y decidió buscar otro café - o inventárselo - con mesas de mármol y patas de forja, con camareros con pajarita negra y chaquetilla blanca que amaran su oficio y se sintieran respetados en él. Y elegiría mesa. Sería su mesa. Y leería libros. Y bebería a sorbitos un café cargado y muy caliente. Y exploraría complicidades con otros clientes y charlarían y compartirían... pero, sobre todo, estaría atento a la aparición por aquella puerta de cristal de algún joven con un libro en la mano y un cuaderno de notas con tapas rojas, o negras, o azules... Y forzaría el encuentro con sus ojos, le daría la bienvenida con la mirada y le haría sentirse en su casa. Hasta que él quisiera. Sólo hasta que él quisiera.
Pero soñó que llegaría una muchacha, vestida de manera informal, fresca, elegante, con el pelo largo y ensortijado, con gafas a lo Lennon, una pequeña mochila de lona a la espalda y un libro entre sus manos. Le gustó lo que vio, y se quedó. También a él le gustó ella, y sonrió satisfecho.
Y pasarían los días, los meses y algunos años.
Y cuando llegara la hora del crepúsculo, cuando la luz amarillenta de los tubos fluorescentes LED se enseñorearan del lugar, viejos y menos viejos, hombres y mujeres, clientes habituales y más de un curioso, se reunirían en torno a una mesa y recitarían "La Noche Oscura del Alma" , leerían una página, cualquier página, del "Olvidado Rey Gudú", o se sumergerían en el fascinante monólogo creado por Sándor Márai en su "Último Encuentro". Y cuando nuestra joven amiga hubiera superado al fin el rubicón de la timidez, propondría al grupo las lecturas que, hace cincuenta años, otro muchacho compartió con otros viejos soñadores, en un lugar parecido: "El Arte de Amar", y "Los condenados de la tierra".
Y no quiso despertar de su sueño.
....................................
Y se desbordaron los ríos, el aire se llenó de olor a lavanda y flores silvestres, fuegos artificiales iluminaron el cielo estrellado, los jóvenes se volvieron más sabios y los viejos más jóvenes. Y la vida siguió fluyendo.
.....................................
Cuando abrió los ojos, junto a él, en su banco, una muchacha con el pelo ensortijado, gafas a lo Lennon y una mochila de lona en su regazo, leía, con dulce abandono, "La Nieta del Señor Lynch". A su lado, un libro de Isaac Rosa y un cuaderno de notas con tapas rojas. La miró, le miró, sonrieron y tras inclinar levemente la cabeza se alejó de ella y de su parque.
Antonio Cerpa
http://tantascosasporcontar.blogspot.pt/
quinta-feira, 22 de janeiro de 2015
terça-feira, 13 de janeiro de 2015
Todas las mañanas....
Todas las mañanas no veo la hora de tenerte entre mis manos.
Te necesito, necesito de tu calor, de tu perfume, de tu gusto...
Oh...café, te quiero demasiado!!!
quarta-feira, 17 de dezembro de 2014
domingo, 16 de novembro de 2014
Déjame saborearte...
"Déjame saborearte sin inhibiciones,
que tu espuma caliente me roce
los labios, la lengua
que tu olor estimulante
me queme la garganta de placer
que este líquido analgésico
acelere el metabolismo de mi cuerpo,
que en par de buches de pasión
me trague tu esencia,
antioxidante, que alucine de excitación
cuando pase la última gota de esta ambrosía
por la boca y chupe el azúcar que
siempre queda rezagada
en el fondo de la taza de café
que me bebo
todas las noches
junto a ti."
Desconozco el autor.
sexta-feira, 14 de novembro de 2014
...un día feliz...
Paz, buenas ideas, fé en la vida,
gente querida, certezas,
una buena taza de café caliente
y un día FELIZ!!!!!
sexta-feira, 24 de outubro de 2014
segunda-feira, 13 de outubro de 2014
sábado, 11 de outubro de 2014
Cuantas historias de amor...
"¿Cuantas historias de amor no han surgido de una taza de café? El aromático, el pretexto perfecto para una cita, platicar, reír, conocerse... Una taza más; un beso robar, compartir el gusto por esa enigmática bebida con los bellos ojos que tengo enfrente. Sonreír y volver a besar. Desde ahora soy adicto a tus besos y al café. "
Buen fin de semana con besos y café!!!
quinta-feira, 9 de outubro de 2014
terça-feira, 23 de setembro de 2014
Se acabaron las vacaciones...
| Fotografia de mi autoria. |
Aún
estoy pensando en las terrazas por donde pasé tomando una cervecita o una
limonada y más no digo.
Me
estarán preguntando " Y no tomó café?" Pues... el café lo tomé en mi
casa. Es que no puedo tomar café tan fuerte como lo que se toma en las cafeterías.
Yo veía las inglesas tomando su cappuccino con tan buen aspecto, la bebida
claro, porque las inglesas ni todas tenían buen aspecto o sea demasiado
llenitas. Esto durante el día porque al final de la tarde ya no puedo decir lo
mismo ya que aparecían otro tipo de ladies, bellas, elegantes muy bien vestidas
y maquilladas, casi todas acompañadas por sus compañeros. Sus compañeros... muy
mal vestidos, casi todos. Quiero decir, ellas vestidas como si fueron al
casino, ellos vestidos para la bodega.
Yo,
como siempre acompañada con mi mascota siempre atenta a ver pasar a todos los
perritos y a querer jugar con ellos, dar ladridos que irritaban y yo igualmente
atenta a lo que pasaba a mi alrededor.
No regresábamos
a casa sin admirar la puesta del sol y a sacar muchas fotografías.
***
domingo, 31 de agosto de 2014
terça-feira, 29 de julho de 2014
Espejo
Espejo.
Al lado de mi mesa, en el café, había un hombre negro y estaba llorando. Una lágrima le corría desde el borde interno del ojo derecho hasta formar un estanque minúsculo, y sin embargo fulgente, justo encima de la aleta de la nariz. Antes había estado fuera fumando un cigarro, pero ahora se encontraba en una mesa al lado de la mía y lloraba y era negro y mi cabeza comenzó a maquinar. Bueno, es posible que no estuviera llorando, tal vez el frío de la calle le había hecho confesar esa gota, lagrimear que le dicen, y a mí se me ocurrió que a los setenta y dos años -exactamente a esa edad- estaría solo y triste porque alguna mujer... O no, probablemente no se sintiera abandonado, apenas se tratara del frío, una lágrima de viento frío que. Qué frío viento de lágrima. Consultó su reloj pulsera e hizo un gesto con la boca que me pareció de resignación y desconsuelo, o aun mejor, de desconsuelo y resignación. Debería tener la misma hora que yo: las 11 y media, y como yo también estaría esperando a alguien que nunca. Nunca. Siempre. Siempre que alguien. El hombre negro se dio cuenta de que lo observaba con extrema atención, una atención radical, violenta; entonces se levantó -notoriamente molesto- y volvió a salir a la calle. Allí se sentó a una mesa de la acera, donde el frío, el viento frío, le permitiera argüir otra lágrima sin que nadie le hiciera de espejo.
Humberto Dib
quarta-feira, 16 de julho de 2014
sábado, 5 de julho de 2014
sexta-feira, 9 de maio de 2014
Se despertó, besó...
Se despertó, besó,
tomó un trago de café,
abrió la ventana...
Y entendió que no
necesitaba nada más
para ser feliz.
quinta-feira, 17 de abril de 2014
segunda-feira, 14 de abril de 2014
quarta-feira, 2 de abril de 2014
EXCESO DE PROFESIONALISMO
-Mozo, una lágrima, eh, por favor, ¿qué le pasa?, no lo tome así..., bueno,....bueno, ya va a pasar....
Alejandro Marcelo Guarino
quinta-feira, 27 de março de 2014
quarta-feira, 26 de março de 2014
domingo, 23 de março de 2014
quinta-feira, 20 de março de 2014
sexta-feira, 14 de março de 2014
Me has hecho falta...
Esta noche (ya madrugada) estaba ya cerrando el ordenador, mis ojos se fijaron en esta tarjeta, si así lo puedo llamar. Volví a poner mis gafas porque me di cuenta que habían unas letritas pequeñitas que no conseguía leerlas sin ayuda, "-Voy a mentirme y pensar que es el café".
Me
quedé con las palabras "Voy a mentirme..." reconociendo que en tantos
momentos de mi vida me mentí a mi mismo sin quererlo, sin darme cuenta. Mas en
lo que respecta a lo sentir falta de algo al final del día y tener la duda si
seria de ti o del café, jamás lo pensé porque tú eres demasiado grande para que
pueda equivocarme.
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