segunda-feira, 28 de novembro de 2011

El fado da una alegría a Portugal al ser declarado bien inmaterial de la Humanidad por la Unesco



 



El melancólico fado se convirtió este domingo en motivo de orgullo y alegría de Portugal después de que la Unesco certificase su preservación al declararle patrimonio cultural inmaterial de la humanidad cuando el país vive sumido en la peor recesión que se recuerda.

Por un día, los intereses de la deuda, el déficit y los planes de ajuste de la 'troika' fueron desplazados en los telediarios por el singular fado, el género musical luso por excelencia que 'La Reina' Amália Rodrigues (1922-1999) contribuyó a divulgar en todos los continentes.

Cuando este domingo a mediodía, hora portuguesa, el comité de la Unesco decidió en Bali (Indonesia) nombrarle patrimonio, no solo portugués, sino de toda la humanidad, muchos olvidaron por un instante las penurias económicas que afronta el país y cientos de lisboetas corrieron al Museo del Fado para conmemorar el galardón.

"Este reconocimiento constituye un motivo de orgullo para todos los portugueses", proclamó enseguida el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva.

La proyección internacional del género, asociada a la promoción de Portugal y su lengua, fue una de las principales ventajas del premio, según varios artistas y políticos. 


"Sirve para divulgar más la cultura portuguesa. El fado es el género que mejor define nuestra personalidad como pueblo", dijo Ana Moura, una de las artistas de la nueva generación que ha rejuvenecido este estilo musical.


Historia del fado

Aunque se desconoce su origen, sus primeros registros se sitúan a mediados del s. XIX en el lisboeta barrio de Mouraria, donde vivió la prostituta María Severa Onofriana (1820-1846), considerada pionera del género. Su potente y melancólica voz encarnó la nostalgia, los celos, el desamor y las pequeñas historias cotidianas de la ya decadente capital lusa de hace dos siglos.

La primera constancia que se tiene del fado lo sitúa a mediados del s. XIX en el lisboeta barrio de Mouraria. El fado, asociado en su inicio a las clases más desfavorecidas o a la bohemia, ganó brillo en el siglo XX con la inigualable Amália, cuyo talento y carisma la convirtieron en la mejor embajadora cultural de un Portugal entonces muy aislado por la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar (1926-1974).

Con Amália, el estilo se refinó al adaptar poemas de ilustres portugueses como Luiz Vaz de Camões o Alexandre O'Neil, pero mantuvo su sencillez formal: voz a capela de hombre o mujer, acompañado circunstancialmente por una guitarra clásica.

'La Reina del Fado' marcó, sin duda, un antes y un después. No obstante, otros artistas de renombre la sucedieron, como Carlos do Carmo (1939, Lisboa), a quien catalogan como el mejor fadista contemporáneo. La portuguesa Enriqueta, vecina del tradicional barrio de Alfama, así lo aseguró: "Él es el mejor de la actualidad, aunque nadie llega a la altura de Amália".

El fado es muy interesante, sale del alma.Como Enriqueta, cientos de lisboetas y numerosos turistas desfilaron este domingo por el Museo del Fado y la Guitarra Portuguesa, donde se celebraron conciertos casi ininterrumpidamente desde el sábado.




El español Francisco Pérez, de 42 años, celebró como un portugués más la victoria del fado. "Nos alegramos mucho por Portugal, para que levante un poco el ánimo su gente, y, como música, el fado es muy interesante, sale del alma", dijo Pérez.

Una visión de modernidad

Durante el periodo posrevolucionario que trajo la democracia a Portugal (1974), el fado vivió una especie de travesía del desierto. Vinculado por muchos a la dictadura o simplemente a una música de "mayores", necesitó una generación para que ganase impulso.

Aparte de Ana Moura, también Mariza, Camané, Carminho o Raquel Tavares dieron oxígeno al género, al que aportaron una visión de modernidad, aunque respetando sus raíces.
Los últimos datos revelan que continúa muy vivo. El fado ya representa el 20% de las ventas de música portuguesa, con más de 305.000 discos vendidos en 2010.

"En mi tiempo, cuando comencé a cantar fado con seis años, era una vergüenza, sentía vergüenza de decirlo en la escuela, porque era música de abuelos, de los mayores. Actualmente el fado es una música para gente joven", constató la fadista Tavares, de 26 años.

Como bien inmaterial de la Humanidad, el fado no recibirá fondos directos, pero se beneficiará de un plan de salvaguarda que debe cumplir durante los próximos cuatro años que incluye la modernización de archivos sonoros, la reedición de obras antiguas y su divulgación en las escuelas.(20.minutos)


Mis felicitaciones a todos los fadistas portugueses.



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