segunda-feira, 2 de janeiro de 2012

Hacer punto en una cafetería: la última moda que llega para quedarse






“Hacer punto sentado en una cafetería mientras se disfruta de una animada conversación con los amigos es una de las tendencias en medio mundo.

Lo que algunos consideran un anacronismo o una mera pasión por lo kitsch ha encontrado en las nuevas tecnologías su principal aliado. Durante los últimos años, Internet ha sido el catalizador y principal punto de encuentro de aficionados de todas las edades: vídeos explicativos en YouTube, blogs especializados, tiendas online... todo un universo virtual dedicado al arte de bordar, coser y tejer nuestras propias prendas.

Quizá ese componente do it yourself sea uno de los principales atractivos del knitting. En un mundo en el que cruzarse por la calle con alguien que luce la misma prenda que uno es más fácil que nunca, la posibilidad de desmarcarse con un diseño propio resulta, para muchos, enormemente seductora. Si a eso se le añade el placer de haberlo confeccionado con nuestras propias manos, la satisfacción es doble.

Los adeptos al punto, sin embargo, aseguran que su mayor virtud es su capacidad relajanteFrente al estrés del ordenador, la quietud de los ovillos.

“We Are Knitters”, es una empresa especializada en este mundillo, con la que vende kits de punto por Internet y organiza las llamadas Knitting Parties: quedadas para que los no iniciados aprendan a desenvolverse con las agujas y, sobre todo, para conocer gente y pasar un buen rato en torno a una taza de café, una cerveza o un gin-tonic, charlar, confeccionar sus abrigadas prendas y compartir patrones.

En los tiempos que corren, el bolsillo es un factor a tener en cuenta. Un kit completo (agujas, lana y patrón) se puede comprar a partir de 47 euros. Pero una vez se tienen agujas, basta con adquirir ovillos por unos 18 euros.”

En invierno lana, en verano algodón.

Estaba leyendo esta noticia en el Café y me puse a observar la gente que estaba por allí tomando su café. Me parece que esa moda aun no llegó acá o por lo menos no me he dado cuenta.

Llegaron dos amigas al Café, una de ellas había viajado en las fiestas para España y contó que si lo había visto en Valencia en la cafetería Canguro Verde. Allí organizan sesiones de “knit and fun” y le habían dicho que en Barcelona en La Dolça Bakery y en otro que se había olvidado del nombre también se reúnen puntualmente allí.

Mi amiga Margarida se divirtió al ver que no eran solo las chicas que hacían punto pero también los chicos uno de ellos ya estaba terminando una bufanda.

Nunca imaginé que una cosa de estas podría ocurrir en el mundo de hoy.

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