sexta-feira, 14 de outubro de 2011

Los latidos del bosque






« Siempre en la misma época, a mediados de septiembre, cuando los árboles comienzan a cambiar de color y llegan las primeras lluvias, da comienzo el espectáculo de la berrea, el ciclo biológico del apareamiento de los ciervos. 

Hasta más allá del mes de octubre, cada día, al amanecer o la caída de la tarde, las dehesas y prados deshabitados de algunos espacios protegidos de la península se pueblan de ejemplares machos que salen del frondoso bosque que los esconde habitualmente dispuestos a aparearse con la manada más copiosa de hembras. Un logro que solo alcanzarán los ejemplares más fuertes y para lo que tendrán que luchar con sus afiladas cornamentas.

Los roncos bramidos que emiten los venados durante su época de celo desequilibran la paz en los cerros y los montes de estos lugares dando lugar a un espectáculo de la naturaleza que es fácil de presenciar y difícil de olvidar». Publico.es.

Sigue el calor como si fuera aún verano por eso esta mañana cuando llegué al Café las mesas en la terraza estaban casi todas ocupadas.

Mis amigas ya habían llegado y estaba también un amigo de Huelva, Alejandro Barranco que es fotógrafo. Alex me había dicho hace tiempo que para el otoño pasaría por aquí y que iba visitar la Tapada de Mafra, para sacar fotografías y aprovecharía para asistir a la berrea de los venados.

Me acordé que hace tiempo fui visitar la Tapada de Mafra y me gustó muchísimo. Así que entré estaba un venado mirándome, ni se movía. Parecía que estaba esperando por los visitantes.

Dicen que al amanecer es mejor para visitar la dehesa porque se ven más animales. Yo entré al principio de la tarde y como hacía mucho calor no vi todos lo que quería. Por ejemplo los lobos, estaban escondidos. Aún volví al sitio donde ellos estarían pero ya empezaba a oscurecer y también de repente cerraban el portón y tendría que pasar la noche encima de un árbol.

Y así seguimos charlando y yo di la idea de hacer una visita a la Tapada de Mafra e inclusive pasar la noche en la casa rural de huéspedes adentro de la dehesa. Tanto que me gustaría poder oír la berrea de los venados y ver, -de lejos-, las luchas entre los machos y las hembras esperando calmamente por el vencedor.



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